Me encuentro en el mimo punto que me encontraba al cumplir 18 años.
No sé exactamente qué es lo que hace la gente a esa edad. Es fácil decir que la respuesta es ir a discotecas y emborracharse, pero ya hemos aprendido que hay mucha gente diferente en el mundo y seguro que hay una inmensa variedad de tradiciones y deseos a satisfacer para el celebrado día. O simplemente han tenido que ir a clase o a trabajar. La verdad es que cumplir esa edad no es para nada algo grande.
O así fue mi experiencia: por la mañana tuve dos exámenes de selectividad y por la noche trabajé en el bar, al igual que la siguiente y la anterior. Si ocurrió algo más, yo no lo recuerdo. Me pasé el verano trabajando. Recordad los detalles de aquel verano me trae mucho desasosiego.
Algo más de diez años después, vuelvo a estar en una posición muy parecida. Acabo de terminar un examen y vuelvo a trabajar en un bar. La cantidad de malos recuerdos y sensaciones que esto me trae... Aún no me he recuperado lo suficiente como para encontrar palabras para describirlo.
Sé que en muchos aspectos estoy mucho mejor. Pero no "diez años" mejor. Es que se dicen pronto. He estado corriendo en círculos. Me he dejado los pulmones solo para volver a casi que el punto de partida. Ahora, sin aliento, ¿cómo voy a seguir corriendo? Ya no pido ni avanzar. Si tengo que aprender que la vida es cíclica, bueno, quizá, tras el tercer ciclo, por fin aprenda la lección y pueda rendirme. Pero no encuentro las fuerzas.
Ojalá las encuentre. Sí que he aprendido que las cosas son temporales, y así los estados, el humor, las circunstancias. Este valle en el que me encuentro no es tan hondo ni tan escarpado. Puedo superarlo. Eso creo de verdad. Hoy no, porque no tengo esas fuerzas necesarias para, aunque sea, subir una colina. Pero es seguro que las tendré.
Ayer mi madre me dijo que yo era fuerte y que se encontraba bien a mi lado porque sabía que podía apoyarse en mi. Si ella supiera cuántas cosas están mal con eso. Lo decía de forma halagadora, la pobre, y también porque es verdad. Tuve entonces otra prueba más de la mía: que no quiero ser la fuerte. Quiero soportar solo mi propio peso y que este sea ligero. No quiero ser fuerte, no quiero pelear. Quiero que me protejan, que me cuiden, que me digan que todo va a estar bien y que me dejen apoyarme sin consecuencias ninguna.
Todo esto venía en realidad a que, leyendo "Mi bella desconocida", de Lisa Keyplas, la protagonista tuvo que volver a dormir en la habitación en la que creció.
Volver a oler un perfume agradable del pasado, comer los dulces que comías de pequeña en una ocasión especial, revivir los recuerdos del pasado, suele traer alegría a la gente. Yo, en cambio, me encuentro queriendo borrarlos.
Quiero volver a Bath. Hay tantas vivencias con Ana que ahora me resultan amargas. No puedo evitar sentir que hacía muchas cosas obligada. No disfruté ni de Bath, ni de Bristol, ni muchas otras. Muchos recuerdos con ella y con Jairo y Migue están ahora rodeadas de amargura por la certeza de que no me respetaban.
No solo con ellos. Cada vez que me salgo con la mía en cuanto a algo, estoy segura de que se alejan un poquito más de mi. ¿Nadie puede hacer nada por mí o soy yo la que no puede aceptarlo?
Necesito volver a Bath. Y me temo que tendré que volver sola. No sé si es por mi culpa o no, pero creo será así.
Reescribir estos diez años. O puede que, una vez más, esté pensando en repetir un ciclo en lugar de avanzar.
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